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Espondilitis anquilosante: qué es, desafíos y tratamiento

Espondilitis anquilosante: Un desafío más allá del dolor de columna

La espondilitis anquilosante no es solo un término médico complejo, es una realidad que viven miles de personas en España y que va más allá de un simple dolor de espalda. Esta enfermedad crónica, que afecta principalmente a la columna vertebral y las articulaciones sacroilíacas, se manifiesta en individuos jóvenes, entre los 20 y 40 años, convirtiéndose en un desafío tanto para los pacientes como para los profesionales de la salud.

Aunque el «dolor de columna baja» es uno de sus síntomas más característicos, la enfermedad esconde tras de sí un abanico de complicaciones y retos que merecen ser conocidos y abordados.

¿Qué es la espondilitis anquilosante?

Espondilitis anquilosante: Un desafío más allá del dolor de columna

La espondilitis anquilosante no es simplemente un dolor de espalda. Se trata de una enfermedad crónica que inflama la columna vertebral y las articulaciones sacroilíacas. En España, cerca de 400.000 personas padecen esta dolencia, que puede llegar a afectar también las articulaciones periféricas, desencadenando artritis.

El dolor de articulaciones, especialmente en la zona baja de la columna, es una de las principales manifestaciones. Este malestar, descrito como un dolor sordo y persistente, puede interrumpir el sueño y provocar rigidez matinal que dura más de media hora.

El proceso de diagnóstico

El doctor Alejandro Escudero, líder del Servicio de Reumatología del Hospital Universitario Reina Sofía en Córdoba, detalla el proceso de diagnóstico: «Para diagnosticarlo, se recopila información de los síntomas, antecedentes personales de inflamación articular, presencia de lesiones en la piel o alteraciones intestinales, incluyendo los antecedentes familiares de la enfermedad».

Tras esto, se realiza una exploración completa del aparato locomotor, pruebas de laboratorio y pruebas de imagen. Una prueba genética (HLA-B27) es positiva en más del 90% de los casos, facilitando la confirmación del diagnóstico.

Desafíos en la detección

A pesar de los avances, diagnosticar la espondilitis anquilosante sigue siendo un reto. Los reumatólogos suelen identificarla en personas de entre 20 y 40 años. Escudero advierte: «Ante una persona menor de 45 años, con dolor lumbar continuo (de más de tres meses), dificultades de descanso nocturno y movilidad limitada entre al menos 30 minutos y una hora al levantarse, se debe pensar en esta enfermedad».

El impacto de esta enfermedad en la vida cotidiana es significativo. Afecta a la carrera laboral, la vida familiar y las actividades diarias, como caminar o trabajar. Además, el dolor crónico y la fatiga pueden influir en el estado de ánimo y las relaciones sociales.

Tratamientos actuales

La espondilitis anquilosante, al ser una enfermedad crónica, requiere tratamientos prolongados. Los más comunes son los antiinflamatorios no esteroideos. Si no surten efecto, se recurre a la terapia biológica.

Los avances recientes se centran en el desarrollo de fármacos biológicos que bloquean moléculas de señalización entre células, ofreciendo un control más eficaz de los síntomas y la progresión de la enfermedad.

Retos futuros

A pesar de los avances, aún queda mucho por hacer para minimizar el impacto de la espondilitis anquilosante en la calidad de vida de los afectados. Es esencial promover la educación y concienciación sobre la enfermedad. Visitar a un reumatólogo para un diagnóstico temprano es crucial.

Además, es vital instaurar tratamientos adecuados rápidamente y facilitar el acceso a terapias físicas y ocupacionales. El apoyo psicológico y social también es fundamental para los pacientes y sus familias.

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