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Vivir sin olfato: La realidad silenciosa de la covid persistente

Vivir sin olfato: La realidad silenciosa de la covid persistente

Vivir sin olfato se ha convertido en una realidad desalentadora para personas como Elena Pérez, quien desde enero de 2021 enfrenta un mundo donde los aromas han desaparecido o se han transformado en olores irreconocibles.

Esta madrileña de 55 años ilustra en declaraciones a El País la lucha de quienes, casi tres años después de contraer covid-19, aún no recuperan esta capacidad sensorial esencial, viéndose sumergidos en una nebulosa de olores distorsionados que afectan su calidad de vida.

“Todo me huele a alcantarilla, tabaco o quemado. Otras veces huelo cosas que no existen”, comenta.

La sombra del COVID persistente

Vivir sin olfato: La realidad silenciosa de la covid persistente

La condición que afecta al 5,6% de los pacientes pos-COVID, conocida como covid persistente, no solo prolonga el malestar sino que desdibuja las líneas entre la recuperación y el padecimiento continuo.

La anosmia y la ageusia, la pérdida del olfato y del gusto, respectivamente, se perfilan como secuelas no temporales sino como compañeras prolongadas en el viaje de recuperación.

Vivir sin olfato no solo distorsiona la percepción sensorial, sino que también puede tener consecuencias devastadoras en la vida diaria, como en el caso de José Méndez, quien además de enfrentar la fatiga crónica, perdió su empleo a raíz de esta condición.

Una luz al final del túnel

Actualmente, la técnica de reentrenamiento olfatorio representa la única opción terapéutica con evidencia de beneficio, según Blanca Mateo, especialista en otorrinolaringología que atiende a pacientes con covid persistente en el Hospital La Paz de Madrid.

El panorama de tratamientos farmacológicos no muestra grandes avances. Sin embargo, un medicamento antiviral desarrollado por la compañía farmacéutica Shionogi de Japón, y que se encuentra en la segunda fase de ensayos clínicos, ha evidenciado efectividad en la pronta recuperación del olfato y el gusto cuando se administra en las etapas iniciales de la infección.

El proceso de rehabilitación olfativa es sencillo, aunque exige constancia y paciencia. En este tratamiento se seleccionan cuatro fragancias, representativas de diferentes categorías de olores: mentolados, cítricos, aromáticos y florales.

Los pacientes deben realizar ejercicios dos veces al día que consisten en identificar estas esencias con los ojos vendados. Tras memorizar estas fragancias, se procede a cambiarlas por otras para continuar con la terapia.

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